Puta (putón) y putero…algo sobre el lenguaje en prostitución (I)

“¿Cuál es más de culpar, aunque cualquier mal haga: la que peca por la paga, o el que paga por pecar?” (Sor Juana Inés de la Cruz)           

Estamos hablando de personas en plenitud, mujeres con sentimientos y afectos, con experiencias emocionales llenas de influencias innatas y aprendidas y en muchas ocasiones esta faceta queda borrada o diluida en detrimento de su propia personalidad. El lenguaje, reflejo de la mente humana como canal de transmisión de pensamientos y emociones, se nos ofrece como un modo de hacer tangibles las acciones (Austin, 1982, p. 56) y constituye el medio de expresión para hacer patentes ciertas distorsiones que se vienen produciendo con el paso del tiempo: violencia verbal, anomalía en los registros idiomáticos, ambigüedad polisémica.

A lo largo de la historia del castellano la palabra puta ha tenido una connotación peyorativa, pues es el peor apelativo que puede sufrir una mujer, se dedique o no a la esa actividad. En otros sinónimos, la carga dañina parece algo menor: ramera, meretriz, lumi, cortesana o buscona.

Hemos de reconocer que la mujer que ejerce la prostitución, si utiliza la palabra puta para sí misma, lo realiza en un tono tolerante o desafiante, pero dentro de su contexto, pues se marca una clara diferenciación entre la esfera privada y la pública. Son escasas las mujeres que ejercen la prostitución y que el entorno cercano conoce su dedicación.

El agravio que supone la palabra puta está relacionado con el control de la sexualidad en las sociedades patriarcales, necesitadas de verificar que sus descendientes pertenecen al patriarca y no a otros varones. En dicho sistema patriarcal se requiere la monogamia y la heterosexualidad, y una serie de valores y creencias que castiguen a las mujeres alejadas de esta ideología marcada por el predominio masculino. Según Lagarde (2005, p.559) “todas las mujeres son calificadas como putas en algún momento de su vida, aunque no sean prostitutas; la palabra puta designa a las mujeres definidas por su erotismo identificando por puta a todas las mujeres que destaquen por su sensualidad y la sexualidad; una de las formas de dominio y agresión más importante que pueden realizar los hombres a las mujeres consiste en considerarlas y convertirlas en putas”.

A pesar de que las mujeres en prostitución son las más visibilizadas, principalmente por su actividad en la calle, los varones que las contratan casi siempre permanecen ocultos. El uso del término putero pretende visibilizar la demanda de sexo de pago, siendo el único para referirse a los hombres con una connotación peyorativa (Saiz-Echezarreta, 2019).

El uso de la palabra putero en distintos trabajos académicos (Gómez, Pérez y Verduzco, 2015; de Miguel, 2015; Cobo, 2017) pretende proyectar la misma carga destructiva y estigmatizante que la palabra puta a las mujeres. Sin embargo, todavía podemos asignar a las mujeres más términos igual de despectivos como zorra, guarra o furcia en el castellano de la península ibérica mientras que para los hombres son escasos estos sinónimos.

Por último, en esta utilización de los términos para reducir a las mujeres, la mayor humillación es el puttan- tours, o tour de putas (Corso, 2004). Supone el grupo de hombres jóvenes que salen juntos, no a buscar y pagar por sexo, sino a ofender, insultar y a agredir a las mujeres que ejercen en la calle, especialmente si son de origen extranjero. Si bien este evento masculino juvenil era predominante en Italia, no quedaban exentos del mismo otras ciudades europeas, entre las que podemos señalar Madrid.

            Indagando en el refranero y en el uso del castellano podemos encontrar muchas alusiones derivadas a la prostitución y a las prostitutas. En menor medida a los hombres implicados. En este lenguaje la palabra puta es muy usado con connotaciones escasamente positivas y mucho más negativas.

Entre las que poseen significados positivos podemos destacar algunas expresiones como de puta madre o el puto amo. Llama la atención que en esta última expresión, aunque puede ser dicha en femenino, el matiz positivo es su uso en masculino. Otra palabra que dependiendo del tono puede conllevar un significado positivo o negativo, sería la palabra putón, aplicado a las mujeres. Dependiendo del contexto es un insulto igual que el de puta, pero en ciertos ambientes un putón es una mujer que liga mucho, que es promiscua o que sabe moverse entre los hombres, y puede ser admirada por ello. En este sentido también se puede utilizar más puta que las gallinas, especialmente para señalar a una mujer promiscua, pero en tono negativo.

Aquellos términos que se relacionan con la palabra puta con significados negativos podemos mencionar los siguientes: tu puta madre, hijo de puta, puta loca, zorra o puta mierda. Son calificativos o para las personas o para situaciones dadas, y muy utilizados en el castellano coloquial ante situaciones concretas.

Por último, existen una serie de circunstancias que viven las mujeres en el ejercicio de la prostitución y que se han extrapolado a un lenguaje coloquial. Nos referimos a las siguientes:

  • Encima de puta pongo la cama, que se refiere a no asumir costes económicos que no deberían incluirse. En el ejercicio de la prostitución el pago de la habitación lo asume siempre el comprador, salvo que éste último quiera regatear, o que la situación sea complicada por crisis económica o mucha competencia. Pero suele estar asumido dicho pago por parte del comprador.
  • Esto parece una casa de putas, en referencia a la falta de organización y desorden, haciendo mención al funcionamiento de los locales y casa de citas que no poseen gran control.
  • A la puta calle, expresión que se utiliza cuando se quiere que una persona cese la realización de una actividad determinada, y se le plantea su fin de manera enfurecida.
  • Como puta por rastrojo, como puta en cuaresma, pasarlas putas, con significados similares que describen la situación de estrechez y carencia de muchas mujeres que ejercen la prostitución especialmente en la calle, que aglutina el nivel más bajo de prostitución, aunque algunos locales también podrían incluirse.
  • O follamos todos o la puta al río, o sea, que todos poseen las mismas posibilidades en la participación de una actividad repercutiendo equitativamente sus posibles resultados. Se trata de una expresión con un uso más limitado.
  • Ir a putear, o irse de putas, usadas generalmente en el discurso y lenguaje masculino, para la acción que conlleva ir a una mancebía o casa de citas. También ir a putear puede ser aplicado a las mujeres con el significado de ejercer la prostitución. Es decir, se puede utilizar en ambos sexos pero con significados distintos, según el rol desempeñado, el de vendedora o de comprador.

Por último, existen otras expresiones de utilización común que denotan un estado de ánimo, generalmente de desazón ante una persona o una circunstancia acontecida. Estas expresiones son: me cago en la puta, hostia puta, la puta de oros, la puta que la parió, a todas ellas le podríamos poner exclamaciones, y en ocasiones no tiene más significado ni recorrido que una expresión puntual.

Y hasta aquí el lenguaje referido a los actores principales de la prostitución.

Dejamos para otro momento a los agentes secundarios que poseen un papel fundamental, porque facilitan que el “encuentro de compra y venta” se produzca.

(Extracto del artículo: El lenguaje en prostitución: uso, intención y significados de algunas palabras y expresiones de las autoras Carmen Meneses y Pilar Úcar, publicado en la Revista Estudios)

Prª. Drª. Pilar Úcar Ventura

Profesora Propia Adjunta pucar@comillas.edu

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Author: viajes24horas

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