Propuestas para rejuvenecer a un electorado cada vez más viejo

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Annick Laruelle, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

En su sesión del 9 de junio, el Congreso de los Diputados de España aprobó la reforma electoral que regula el ejercicio del voto de los españoles que viven en el extranjero y suprimió el voto rogado. Algunos partidos solicitaron incluir otros aspectos en la reforma electoral, como el voto telemático o rebajar la edad mínima para votar, sin conseguirlo.

Poder votar a los 16 años es una reivindicación del Consejo de la Juventud de España. Los oponentes alegan que los jóvenes no tienen la madurez suficiente para votar, o que es una propuesta dictada por intereses políticos.

Los argumentos actuales en contra del voto juvenil se parecen a los que se usaron antes en contra de otros colectivos. Un pretexto habitual para negar el voto a las mujeres era su supuesto carácter emocional. Muchos partidos se oponían al voto femenino por temor al efecto que podría tener en las urnas. El partido comunista italiano temía la influencia del Vaticano en el voto de las mujeres. En Bélgica, tanto los liberales conservadores como los socialistas se opusieron al voto femenino porque, decían, iba a favorecer al partido católico.

Voto responsable

Organismos internacionales alertan de que el futuro y la salud de los niños de todo el mundo peligra por el cambio climático, el deterioro medioambiental, los conflictos, las desigualdades y las prácticas comerciales agresivas. Si no se da el derecho a votar a los menores por falta de madurez, ¿no habría que quitárselo a los mayores por su falta de empatía hacia las generaciones futuras?

La edad del elector mediano aumenta en los países europeos. Si en España era de 43 años en 2001, en 2021 fue de 49 años. Y, con el envejecimiento de la población, seguirá aumentando los próximos años. Además, la edad real del votante mediano es todavía más alta, dado que los jóvenes se abstienen más que sus mayores.

Los resultados de las urnas reflejan las preferencias de personas cada vez mayores. Un análisis de los datos de la octava edición de la Encuesta Social Europea en 22 países europeos concluye que las personas mayores son más escépticas sobre los impactos del cambio climático que los jóvenes.

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La edad del votante

Ya en 1998 el filósofo Philippe van Parijs se interesó por la justicia intergeneracional. Propuso varias opciones para asegurar la representación de los jóvenes y las futuras generaciones en las urnas.

Una posibilidad es disminuir la edad del votante mediano. Para conseguirlo se puede rebajar la edad mínima de voto. Si varios países (como Austria o Malta) llevaron la edad mínima a los 16, el politólogo Martin O’Neil propone llevarla a los 12.

Todavía más radical es la propuesta de David Runciman, que la fijaría en 6 años.

Una segunda manera de disminuir la edad del votante mediano es fijar una edad máxima para poder votar. En la elección papal, solamente los cardenales de menos de 80 años pueden votar.

Una tercera opción es la obligatoriedad del voto a ciertas edades. En Argentina, el voto es obligatorio para los ciudadanos mayores de 18 años y menores de 70 años. En cambio, es voluntario para los jóvenes de 16 a 18 años y las personas mayores de 70.

Un elector, varios votos

Otra manera de aumentar la representación de los jóvenes es el voto plural: los electores menores de cierta edad podrían tener un voto extra, mientras que los mayores tendrían un voto único.

A principios del siglo XX existía el voto plural o múltiple en Bélgica e Inglaterra. En Bélgica, un elector podía tener un segundo voto por ser cabeza de familia y tener recursos económicos y un tercero si, además, tenía un título académico. En Inglaterra, un elector podía votar en dos colegios electorales si poseía un local comercial en otra localidad o por poseer un título universitario.

Finalmente, los niños podrían estar representados en las urnas por sus padres. Una manera sencilla de conseguirlo sería repartir los votos extra en función del número de hijos. El voto familiar existió entre las dos guerras mundiales en los protectorados franceses de Marruecos y Túnez: los padres de al menos cuatro hijos tenían derecho a un voto extra.

Implicaciones políticas

La gran mayoría de las propuestas de reforma electoral no pasan de los círculos académicos o de los debates públicos. No es extraño, dado que un cambio de sistema electoral es una decisión política que tiene implicaciones políticas. ¿Cómo esperar que políticos elegidos por un sistema acepten fácilmente cambiarlo y poner en riesgo su reelección?

Basándose en la historia electoral, el politólogo José Ramón Montero afirmó que los cambios sustanciales de sistema electorales se producen en circunstancias extraordinarias: cambios de régimen, conmociones revolucionarias, situaciones posbélicas. Las manifestaciones de los viernes por el futuro nos recuerdan que, a falta de voto, los jóvenes pueden alzar su voz.The Conversation

Annick Laruelle, Profesora IKERBASQUE, departamento de Análisis Económico, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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