¿Cuántas veces puede caer ‘L’Estaca’?

Lluís Llach en concierto con l’Agrupació Artística Musical de Dénia i l’Orfeó Navarro Reverter de València, 2007.
Abraham Canales / Flickr, CC BY-NC-SA

Alicia Pajón Fernández, Universidad de Oviedo

Hay canciones que nos remiten a un momento, a una demanda o a una época, y otras que se convierten en himnos y funcionan en contextos diferentes y trascienden el marco para el que habían sido concebidas.

Este es el caso de L’Estaca de Lluis Llach, que en el imaginario colectivo español ha quedado unida a la lucha antifranquista. La canción, escrita en catalán y ligada a la reivindicación catalanista, traspasó las fronteras de Cataluña y funcionó como un himno contra la dictadura en todo el Estado.

L’Estaca, de Lluís Llach.

Canciones con ideología

Cuando una pieza como esta tiene una carga ideológica concreta tan marcada, es muy difícil que se deshaga de ella, aunque se reelabore o resignifique a lo largo del tiempo. Por ejemplo, una canción como Bella Ciao ha dado voz a los trabajadores, ha representado a la resistencia italiana en la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en un himno antifascista mundial e incluso ha llegado a formar parte de una serie de televisión. Como ella, “L’Estaca” sigue teniendo vigencia y se ha utilizado en espacios muy diferentes.

La obra de Llach alcanzó una rápida popularidad y en un primer momento sorteó la censura, seguramente gracias a una letra no explícita que en ningún momento mencionaba a Franco. A pesar de su posterior prohibición, su notoriedad fue muy grande en los últimos años de dictadura y durante la transición, y habría de convertirse en símbolo de un momento histórico. Pero también serviría como vehículo de reivindicaciones en otros contextos.

La canción ha seguido ligada al catalanismo y un ejemplo de esto es su utilización en las protestas contra la sentencia del Procés, en ocasiones junto al propio Llach, que ha estado ligado a proyectos políticos catalanistas en las últimas décadas, volviendo a interpretar la canción que lo hizo popular.

En usos posteriores, la pieza se ha desvinculado de su vocación específica. Un ejemplo singular es el uso que el partido político Podemos dio a la canción en sus primeros años, cuando la reproducía al terminar sus mítines. Juan Carlos Monedero, uno de sus fundadores, explicaba que la elección de esta canción se debía a la voluntad de mostrar a los más jóvenes de que la lucha que representaba Podemos era heredera de las libradas cuarenta años atrás.

Contrasta con esto la polémica que surgió con el propio Llach cuando en el año 2002 la Policía Nacional utilizó la pieza en una manifestación en Barcelona en la que reclamaban mejoras laborales y salariales. El cantante se pronunció en una rueda de prensa desautorizando el uso de su canción a las fuerzas del orden, negándoles el permiso intelectual y sus derechos de autor al entender que su canción no podía ser cantada por un cuerpo represivo. Parece difícil que la Policía tomase esta canción sin conocer sus implicaciones, y tal vez quisieran mostrar un cambio en el cuerpo, si no generar un roce que visibilizaría su causa.

Derribando fronteras

Es especialmente llamativo el ejemplo anterior, en el que el autor se posiciona claramente en contra de la utilización de su canción por parte de la Policía Nacional, por considerarlo autoritario, a pesar de que la canción llegó a Polonia y, a través de la versión libre escrita por el cantautor Jacek Kaczmarski titulada Mury (Muros), se convirtió en himno no oficial del Sindicato Libre Solidaridad.

El sindicato, y su líder Lech Walesa, serían abanderados de la lucha anticomunista y se situaron en las antípodas de la ideología que Llach defendió a lo largo del tiempo. De hecho, Walesa se pronunció de manera clara en torno a su oposición a la independencia de Cataluña.

Más recientemente, en el año 2011, el cantautor tunecino Yasser Jeradi versionó la canción de Llach y la tituló Dima Dima (Siempre Siempre), en lo que se convertiría también en un símbolo durante la revolución tunecina, en el contexto de la denominada Primavera árabe.

Dima dima, de Yasser Jeradi.

Pervivencia de una canción

L’Estaca tiene a lo largo del tiempo muchos colores y uniformes. La fuerza de la canción se muestra a través de su manera de perdurar y de apelar a distintas luchas. A la vez que lo hace, se aleja de la idea inicial de quien la compuso, teniendo así que aceptar el autor que ya no es su canción y que no puede obviar los significados que ha ido adquiriendo.

La pieza se desliga de su punto de partida y evoluciona en diferentes ecosistemas, adquiriendo nuevos discursos que afectan a cómo ha sido entendida en el ámbito global. De hecho, a pesar de su vocación izquierdista y anticapitalista, como defendería Llach a lo largo de los años, estas nociones no siempre estuvieron presentes en las diferentes versiones, como en el ejemplo de Polonia, una sociedad que tras el comunismo ha desarrollado una tradición ideológica derechista y anticomunista.

Sin embargo, estas versiones tienen en común su función de canción ideológica. Y es que, como muestra este ejemplo, las canciones comprometidas no pueden escapar fácilmente a su destino de arte político. Aún siendo creadas para un momento concreto, con una intención específica, se resignifican con el tiempo y ocupan nuevos espacios, manteniendo las características comunes que las ligan a la capacidad de articular discursos políticos, trasmitir ideas y valores y formar parte del discurso social.

Si tenemos en cuenta los ejemplos expuestos, todos tienen en común su carácter colectivo y su intencionalidad pública. Ya sea el de la lucha contra el franquismo, la del independentismo frente a la sentencia del Procés, la del sindicato Solidaridad, o la tunecina frente a la dictadura, la canción necesita del espacio público para funcionar como agente reivindicador.

Queda patente la capacidad de la música como elemento político y de reivindicación. Sin embargo, la ideología que concibe cada una de las piezas existe solamente en la medida en que el contexto que la propició siga teniendo significado. Esta se estira, se amolda y se modifica con el objetivo de encontrar nuevas realidades y nuevos entornos. Puede que esta capacidad de adaptación y cambio sea la que permite que la estaca que dibujó Lluis Llach sea tantas cosas como queramos imaginar.The Conversation

Alicia Pajón Fernández, Investigadora predoctoral en Musicología, Universidad de Oviedo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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Author: viajes24horas

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